Recuerda, recuerda, memoria,
Recuerda la noche,
Recuerda la luna verdosa de una ciudad fantasmal,
Recuerda la bruma que flotaba en el aire,
Como el aliento de una cripta,
Que no se había abierto en mil años,
Aquella noche respiraba,
Y cantaba las historias que la bruma le traía de lejanos lugares,
Para que sus inmóviles habitantes pudieran saber,
Que pasaba donde la oscuridad de una noche abismal terminaba,
Para que pudieran soñar,
Esa noche en su sueño eterno,
No un sueño verdoso, sino esmeralda,
Y que la muerte de la luz en el eclipse no matara,
A los pocos valientes que aun se atrevían,
A encarar a las lápidas de las mentes muertas,
Que aun seguían mandando desde sus tronos mortuorios,
De poder plutónico y coronas de fríos pinchos,
Recuerda la luz agónica,
De una Luna que no quería dejar de brillar,
Para que pudiera verla antes de salir de allí,
Al galope en busca de lugares menos sombríos.
martes 3 de noviembre de 2009
viernes 25 de septiembre de 2009
La fiebre y el elixir
A través del cristal de la copa veo las burbujas en las que se reflejan los sueños que me levantarán mañana.
-Buenas noches-
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Miscelánea
martes 22 de septiembre de 2009
Tomad directo
Esta canción siempre me pareció una pasada. Pero tiene que ser escuchada en una versión en directo, como la que os dejo, que si no suena un tanto desgalichada. Dura más de diez minutos, pero es una montaña de canción. Por cierto, la parte "blues" de la canción no aparece en la letra por que en cada directo varía de una manera u otra.
Im a wheel, Im a wheel
I can roll, I can feel
And you cant stop me turning
cause Im the sun, Im the sun
I can move, I can run
But youll never stop me burning
* come down with fire
Lift my spirit higher
Someones screaming my name
Come and make me holy again
Im the man on the silver mountain
Im the man on the silver mountain
Im the day, Im the day
I can show you the way
And look Im right beside you
Im the night, Im the night
Im the dark and the light
With eyes that see inside you
* x 2
Just look at me and listen
Im the man, the man, give you my hand
Come down with fire
Lift my spirit higher
Im the man on the silver mountain
Im the man on the silver mountain
Im the night the light
The black and the white
The man on the silver mountain
Im a wheel, Im a wheel
I can roll, I can feel
And you cant stop me turning
cause Im the sun, Im the sun
I can move, I can run
But youll never stop me burning
* come down with fire
Lift my spirit higher
Someones screaming my name
Come and make me holy again
Im the man on the silver mountain
Im the man on the silver mountain
Im the day, Im the day
I can show you the way
And look Im right beside you
Im the night, Im the night
Im the dark and the light
With eyes that see inside you
* x 2
Just look at me and listen
Im the man, the man, give you my hand
Come down with fire
Lift my spirit higher
Im the man on the silver mountain
Im the man on the silver mountain
Im the night the light
The black and the white
The man on the silver mountain
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Música,
Porque me da la gana
lunes 14 de septiembre de 2009
Instrucciones para echar una beca (o la desesperación tenía nombre y no era el de tu suegra)
Prefacio a las instrucciones:
Lo primero que hay que tener en cuenta es la naturaleza del acto que estamos a punto de realizar.
Una beca es una ayuda casi mágica que te conceden en la distancia gente que no sabe ni sabrá nada de ti. Podrían ser los marcianos, o los ángeles del Señor, pero son una raza incluso más extraña y peligrosa: funcionarios del estado sin más motivación que cobrar a fin de mes.
Este hecho, y no otro, convierte lo que podría parecer un trámite de no más de cinco minutos en un drama épico.
Cuando pides una beca te estás sumergiendo en las aguas de la Laguna Estigia. Cuando pides una beca estás intentando pasar las rocas que casi mataron a Ulises. Cuando pides una beca te estás enfrentando a Satanás en el desierto después de cuarenta días de ayuno sin ser el Mesías. Cuando pides una beca estás cruzando el Infierno y todos sus círculos en una pesadilla. Cuando pides una beca te conviertes en el hamster que, atrapado en una rueda, sólo puede intentar correr sin darse cuenta de que lo único que está logrando es alargar su suplicio.
No acabas, en resumen, pidiendo una beca. Acabas pidiendo compasión a la pantalla de un ordenador como si de la imagen del Cristo Salvador se tratase. A eso nos enfrentamos al intentar pedir una beca.
Instrucciones.
Lo primero es rodearse de la familia. No como en esas reuniones dichosas en las que todos beben y dicen tonterias. Es más bien como en un velatorio en el que todos esperan pesarosos a que entierren al finado. Se asemeja más a eso.
Lo segundo es hacer buen acopio de té, café o bebidas enérgeticas. Lo necesitarás, ya que la inspiración divina no asiste a nadie en estos casos.
Lo tercero es mentalizarte de que no vas a salir de la prisión hasta que no termines. ¿Has quedado con alguien? Ya puedes cancelar la cita.
Vayamos al grano de una vez. Ve a la página oficial del Ministerio de Educación y pincha en el link que hay en "Solicita una beca general o de movilidad para el próximo curso hasta el treinta de septiembre", y después en el que pone "Acesso al servicio Online".
Una vez allí te pedirán que introduzcas tu NIF o tu NIE en caso de ser extranjero. En cuanto lo hagas y des a aceptar, habrás entrado en los oscuros terrenos del Maligno.
La aplicación con el formulario que tienes que rellenar consta de cinco páginas. Que la quinta exista de verdad es tan sólo un rumor, una leyenda, un cuento, un cotilleo transmitido de oreja a oreja, ya que de momento nunca se ha conseguido (y eso con gran esfuerzo mental y espiritual) pasar de la cuarta.
Empieza a rellenar datos. Al principio tranquilo y confiado. No te piden nada del otro mundo. Lo que te piden en cualquier petición de lo que sea. Hasta que empiezan los errores. Se te ha olvidado meter UN dato o lo has hecho MAL, y entonces el formulario te dice que ha habido un error y tienes que volver a empezar; claro mensaje que indica que este programa ha sido diseñado por un SER SUPERIOR. Al cabo de unos cuantos errores de similar índole, claramente inducidos por la pobre arquitectura de nuestros inferiores cerebros mortales, el programa decidirá que ya has cometido suficientes faltas en su espacio, el espacio que creó ese SER SUPERIOR, y cuando quieras volver a empezar, te habrán bloqueado temporalmente la IP de tu conexión a Internet, mostrándote el siguiente MENSAJE REVELADO, y no dejándote proseguir en tu empeño hasta que decida que ya has tenido suficiente CASTIGO.

Hora de un intermezzo.
Intermedio.
Un hacha es un filo que media entre dos secciones de materia sólida que se pretende separar por la fuerza, pero no con la fuerza bruta del que derriba una puerta con el hombro de un empellón, sino con esa fuerza sutil que podría separar el alma del cuerpo con una corriente de aire y sin dejar rastro de la potencia que se ha empleado. Se dice que fue inventada por un sabio que había meditado durante décadas sobre la naturaleza de la materia y sobre como aislarla y comprobar así si las palabras del docto Aristóteles eran ciertas. No sabemos las conclusiones de su estudio, ya que sus obras se perdieron en el tiempo y no ha habido forma alguna de recuperarlas. Lo que sí sabemos es que al monarca del reino al que se lo presentó le gustó la idea y decidió, como primer experiemento, aplicar la separación sobre el cuello del erudito, del que no se supo nunca nada más.
Fin del intermedio.
Una vez hecho el necesario descanso, podemos volver a intentarlo, siempre y cuando el programa del formulario nos conceda la GRACIA de poder acceder de nuevo.
Inténtalo tantas veces como te permita tu cordura. Cuando se te acabe, antes de matar a nadie, pide que te releve alguno de los miembros reunidos de tu familia. Para eso estaba ese requisito al principio de estas instrucciones. Podéis turnaros de manera infinita. El proceso puede durar días, semanas, o meses. Aunque el plazo haya prescrito, seguiréis allí como almas en pena esperando la REDENCIÓN DEL SER SUPERIOR. Todo acabará cuando, de un modo u otro, alguien se acuerde de los cuchillos de la cocina y su hermoso filo y reparta uno a cada uno para celebrar un suicidio colectivo y familiar. Los japoneses y algunos pueblos del norte lo hacen por menos que esto. A veces, y como fase preliminar, se llama a alguna línea de psicólogos al instante o incluso a una de ayuda al suicida, "el teléfono de la esperanza", dando como resultado conversaciones tan perturbadas como esta:
"Aquí el télefono de la esperanza. No se preocupe. Todos sus problemas tienen solución. Espere mientras uno de nuestros asistentes se pasa con usted"
"Este programa se autodestruirá en cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡Clic!"
Al final, y por mucho que lo intentes, el Estado y el SER SUPERIOR siempre ganan y, como si lo consiguieses serías como el SER SUPERIOR, y el número de seres superiores ya está ocupado por toda la gente de la raza del que diseñó el programa del formulario, la única solución es que todo el que lo intente fracase o muera.
Pensaba haber colgado una canción, pero ha sido empezar a intentar echar la beca y quitárseme hasta las ganas de sonreir.
Vamos, que nos las estamos viendo y deseando para rellenar la maldita beca y entregarla antes del 30 de Septiembre. Que asco de incompetencia y de chapucería. Que no puedan hacer una maldita página efeciente para que no nos volvamos locos, cuando seguro que se puede hacer algo mucho más digno, me parece un atropello y un abuso más por parte de la burocracía y de esta administración llevada por los siempre esforzados funcionarios que no cejan en su afán de ayudar a los ciudadanos en el cumplimiento de sus obligaciones (y nótese la para nada fina ironía). Y me callo porque si no empiezo a soltar fuego y rayos gamma por la boca.
Lo primero que hay que tener en cuenta es la naturaleza del acto que estamos a punto de realizar.
Una beca es una ayuda casi mágica que te conceden en la distancia gente que no sabe ni sabrá nada de ti. Podrían ser los marcianos, o los ángeles del Señor, pero son una raza incluso más extraña y peligrosa: funcionarios del estado sin más motivación que cobrar a fin de mes.
Este hecho, y no otro, convierte lo que podría parecer un trámite de no más de cinco minutos en un drama épico.
Cuando pides una beca te estás sumergiendo en las aguas de la Laguna Estigia. Cuando pides una beca estás intentando pasar las rocas que casi mataron a Ulises. Cuando pides una beca te estás enfrentando a Satanás en el desierto después de cuarenta días de ayuno sin ser el Mesías. Cuando pides una beca estás cruzando el Infierno y todos sus círculos en una pesadilla. Cuando pides una beca te conviertes en el hamster que, atrapado en una rueda, sólo puede intentar correr sin darse cuenta de que lo único que está logrando es alargar su suplicio.
No acabas, en resumen, pidiendo una beca. Acabas pidiendo compasión a la pantalla de un ordenador como si de la imagen del Cristo Salvador se tratase. A eso nos enfrentamos al intentar pedir una beca.
Instrucciones.
Lo primero es rodearse de la familia. No como en esas reuniones dichosas en las que todos beben y dicen tonterias. Es más bien como en un velatorio en el que todos esperan pesarosos a que entierren al finado. Se asemeja más a eso.
Lo segundo es hacer buen acopio de té, café o bebidas enérgeticas. Lo necesitarás, ya que la inspiración divina no asiste a nadie en estos casos.
Lo tercero es mentalizarte de que no vas a salir de la prisión hasta que no termines. ¿Has quedado con alguien? Ya puedes cancelar la cita.
Vayamos al grano de una vez. Ve a la página oficial del Ministerio de Educación y pincha en el link que hay en "Solicita una beca general o de movilidad para el próximo curso hasta el treinta de septiembre", y después en el que pone "Acesso al servicio Online".
Una vez allí te pedirán que introduzcas tu NIF o tu NIE en caso de ser extranjero. En cuanto lo hagas y des a aceptar, habrás entrado en los oscuros terrenos del Maligno.
La aplicación con el formulario que tienes que rellenar consta de cinco páginas. Que la quinta exista de verdad es tan sólo un rumor, una leyenda, un cuento, un cotilleo transmitido de oreja a oreja, ya que de momento nunca se ha conseguido (y eso con gran esfuerzo mental y espiritual) pasar de la cuarta.
Empieza a rellenar datos. Al principio tranquilo y confiado. No te piden nada del otro mundo. Lo que te piden en cualquier petición de lo que sea. Hasta que empiezan los errores. Se te ha olvidado meter UN dato o lo has hecho MAL, y entonces el formulario te dice que ha habido un error y tienes que volver a empezar; claro mensaje que indica que este programa ha sido diseñado por un SER SUPERIOR. Al cabo de unos cuantos errores de similar índole, claramente inducidos por la pobre arquitectura de nuestros inferiores cerebros mortales, el programa decidirá que ya has cometido suficientes faltas en su espacio, el espacio que creó ese SER SUPERIOR, y cuando quieras volver a empezar, te habrán bloqueado temporalmente la IP de tu conexión a Internet, mostrándote el siguiente MENSAJE REVELADO, y no dejándote proseguir en tu empeño hasta que decida que ya has tenido suficiente CASTIGO.

Hora de un intermezzo.
Intermedio.
Un hacha es un filo que media entre dos secciones de materia sólida que se pretende separar por la fuerza, pero no con la fuerza bruta del que derriba una puerta con el hombro de un empellón, sino con esa fuerza sutil que podría separar el alma del cuerpo con una corriente de aire y sin dejar rastro de la potencia que se ha empleado. Se dice que fue inventada por un sabio que había meditado durante décadas sobre la naturaleza de la materia y sobre como aislarla y comprobar así si las palabras del docto Aristóteles eran ciertas. No sabemos las conclusiones de su estudio, ya que sus obras se perdieron en el tiempo y no ha habido forma alguna de recuperarlas. Lo que sí sabemos es que al monarca del reino al que se lo presentó le gustó la idea y decidió, como primer experiemento, aplicar la separación sobre el cuello del erudito, del que no se supo nunca nada más.
Fin del intermedio.
Una vez hecho el necesario descanso, podemos volver a intentarlo, siempre y cuando el programa del formulario nos conceda la GRACIA de poder acceder de nuevo.
Inténtalo tantas veces como te permita tu cordura. Cuando se te acabe, antes de matar a nadie, pide que te releve alguno de los miembros reunidos de tu familia. Para eso estaba ese requisito al principio de estas instrucciones. Podéis turnaros de manera infinita. El proceso puede durar días, semanas, o meses. Aunque el plazo haya prescrito, seguiréis allí como almas en pena esperando la REDENCIÓN DEL SER SUPERIOR. Todo acabará cuando, de un modo u otro, alguien se acuerde de los cuchillos de la cocina y su hermoso filo y reparta uno a cada uno para celebrar un suicidio colectivo y familiar. Los japoneses y algunos pueblos del norte lo hacen por menos que esto. A veces, y como fase preliminar, se llama a alguna línea de psicólogos al instante o incluso a una de ayuda al suicida, "el teléfono de la esperanza", dando como resultado conversaciones tan perturbadas como esta:
"Aquí el télefono de la esperanza. No se preocupe. Todos sus problemas tienen solución. Espere mientras uno de nuestros asistentes se pasa con usted"
"Este programa se autodestruirá en cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡Clic!"
Al final, y por mucho que lo intentes, el Estado y el SER SUPERIOR siempre ganan y, como si lo consiguieses serías como el SER SUPERIOR, y el número de seres superiores ya está ocupado por toda la gente de la raza del que diseñó el programa del formulario, la única solución es que todo el que lo intente fracase o muera.
Pensaba haber colgado una canción, pero ha sido empezar a intentar echar la beca y quitárseme hasta las ganas de sonreir.
Vamos, que nos las estamos viendo y deseando para rellenar la maldita beca y entregarla antes del 30 de Septiembre. Que asco de incompetencia y de chapucería. Que no puedan hacer una maldita página efeciente para que no nos volvamos locos, cuando seguro que se puede hacer algo mucho más digno, me parece un atropello y un abuso más por parte de la burocracía y de esta administración llevada por los siempre esforzados funcionarios que no cejan en su afán de ayudar a los ciudadanos en el cumplimiento de sus obligaciones (y nótese la para nada fina ironía). Y me callo porque si no empiezo a soltar fuego y rayos gamma por la boca.
jueves 10 de septiembre de 2009
Rebeldes
"Su primer acto rebelde consistió en escribir su nombre en un papel y quemarlo. Yo mismo estaba con él, aunque no lo hice. Fuimos los mejores amigos, pero nuestros caminos se acabaron separando."
"Lo último que supe de él es que había muerto en un país lejano al defender a unas personas que estaban a punto de ser asesinadas. Fui yo quien escribió la noticia de su muerte para el periódico."
"Y ahora, a él, que quemó su nombre, lo conocen en todo el orbe, y a mí, que no renuncié al mío, no me conoce nadie."

Post Scriptum: Lamento haber tardado tanto en actualizar, no tengo más disculpa que la ociosidad y el aburrimiento mortal. Intentaré actualizar más seguido ahora que se acerca lo bueno.
"Lo último que supe de él es que había muerto en un país lejano al defender a unas personas que estaban a punto de ser asesinadas. Fui yo quien escribió la noticia de su muerte para el periódico."
"Y ahora, a él, que quemó su nombre, lo conocen en todo el orbe, y a mí, que no renuncié al mío, no me conoce nadie."

Post Scriptum: Lamento haber tardado tanto en actualizar, no tengo más disculpa que la ociosidad y el aburrimiento mortal. Intentaré actualizar más seguido ahora que se acerca lo bueno.
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Cuentos
jueves 20 de agosto de 2009
Noche de dragones
El cielo tiene el color de una fosa marina,
¡Aunque es mucho más profundo!
Una nube con forma de dragón bucea en él,
Y me gustaría que el edificio que tengo delante volara por los aires,
Sólo para ver una nube como un dragón que vuela en el cielo nocturno,
Con sus girones lejanos,
Blancos como el sueño de una noche de invierno,
Y me gustaría ser esa nube,
Y me gustaría ser el dragón que dibuja,
Y volar sobre aquel maldito edificio alto,
Que alguien construyó antes de que yo naciera,
Sólo para joderme esta noche,
Y que no pueda ver la nube emergiendo en el cielo,
Sólo para que esta noche pudiera soñar con ser ese dragón blanco.
Una nube con forma de dragón bucea en él,
Y me gustaría que el edificio que tengo delante volara por los aires,
Sólo para ver una nube como un dragón que vuela en el cielo nocturno,
Con sus girones lejanos,
Blancos como el sueño de una noche de invierno,
Y me gustaría ser esa nube,
Y me gustaría ser el dragón que dibuja,
Y volar sobre aquel maldito edificio alto,
Que alguien construyó antes de que yo naciera,
Sólo para joderme esta noche,
Y que no pueda ver la nube emergiendo en el cielo,
Sólo para que esta noche pudiera soñar con ser ese dragón blanco.
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Miscelánea
jueves 13 de agosto de 2009
Bajo la sombra
Perdonad la larga espera, como podéis apreciar, estoy probando con nuevos formatos. Lo normal es que no veáis bien la imagen ni distingáis bien la letra. Tenéis que pinchar en la imagen para que salga ampliada. Gags de blogger... si algún día decido hacerme alguien de provecho emigraré a Wordpress.A pesar de todo, ¿qué os parece? La caligrafía y el diseño son mios. Lo único que no es material original aquí es la imagen del árbol, que la saqué del Todopoderoso. Y aun con todas, a pesar de ser lo único "no original", tiene tantos arreglos y tantas modificaciones que no sé en que se parece al inicial...
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Dibujos,
Miscelánea
lunes 27 de julio de 2009
Hasta las astillas.
Tarde o temprano tenía que enfrentarme a este libro. Por fin se cruzaron nuestros caminos, y estoy dignamente sorprendido del resultado. Cómo suele pasar, leer a un autor, cuando te gusta, te lleva a leer lo que influyó o lo que gustó a ese autor. Con Borges eso me llevó a leer a Coleridge, a Blake, a Wordsworth y a Snorri Sturlusson. Ahora me ha pasado un poco lo mismo con C. Bukowski. Bukowski siempre hablaba de gente como Celine o Knut Hamsun como si fueran iguales suyos. Era capaz de tirarse durante horas delante de una copa en un bar dando la chapa al que tenía más a mano sobre las lecciones que había aprendido de esos autores. Y por fin me he encontrado con Hambre.
Fue uno de esos días que no te lo esperas. Yo volvía a casa una media tarde sin nada planeado, y me choqué casi con mi padre, que tenía un vale de regalo por valor de no sé cuantos euros para una librería de segunda mano a menos de un kilómetro de donde vivimos. Estaba claro que no me iba a ir de esa incursión de vacío. Entre las montañas de libros apilados, mal apilados y dispuestos en estanterías de manera caótica en un espacio diminuto, podías encontrar desde misales del año la pera, biografías de los personajes más peregrinos, libros de teología inescrutables, noveluchas rosas, o manuales y libros de autoayuda con nombres tan normales como “Teoría y práctica de la reencarnación” (os juro por lo que más queráis que existe, me quedé estupefacto contemplando aquella portada), hasta clásicos y libros estupendos en mil y una formas y formatos diferentes. Odín bendito, lo que es capaz de vender la gente. En uno de mis tientos, agarré el lomo de un libro pequeño, encuadernado en tapas duras y con visos de antigüedad. Y al abrirlo pensando que podía tratarse de un misal más, descubrí no sólo que se trataba de una primera edición del año 1942, sino que además no era un misal, sino Hambre.
Sobra decir que quedó adjudicado y que me lo llevé a casa como quien va a la cueva de Alí Babá y se lleva el tesoro. Aquí las pruebas del delito:



La lectura de esta pieza llevó no menos satisfacciones. Es un libro estupendo. Un clásico con justicia, si bien Hamsun, al igual que Bukowski en su época, fue un maldito. Algunos errores en su vida, como haber sido un colaboracionista en la Segunda Guerra Mundial, y sus extravagantes manías y delirios, le llevaron a él y a sus seres queridos a encontronazos entre ellos e incluso con la justicia. Pero eso no quitó para que escribiera cosas como esta.
En Hambre, el protagonista vaga por toda Cristianía en pos de un poco de dinero con el que aliviar el brutal hambre que se va cerniendo página a página sobre él, sin que muchas veces pudiera hacer nada, llegando a pasar hasta una semana en completo ayuno y al borde de la inanición, en mitad de delirios causados por el hambre y de terribles dolores y calambres. ¡Madre mía! ¡Si llega a comerse las astillas de madera que encuentra por el suelo!
Pero mejor sería que no contase mucho más y os dejase el resto a vosotros. De verdad que merece la pena redescubrir a Hamsun.
Y dejo una última reflexión, esta vez sobre los libros digitales, los célebres “e-books”. Por lo que a mí respecta, todavía no merecen la pena. Llegarán a merecerla, tal vez en un futuro. Cinco o diez años tal vez, cuando una de esas cosas no valga 400 eurazos. Hasta entonces el papel seguirá siendo el rey. Pero hay una cosa en la que el e-book siempre estará en desventaja con el libro en formato papel, y es la energía. Un e-book es un aparato electrónico. Necesita una batería o una fuente de alimentación similar sin la cual no puede funcionar. Un libro siempre está disponible, sin necesidad de enchufes ni corrientes.
Y otra cosa. El proceso mediante el cual descubrí este libro, por ejemplo, constituye toda una experiencia en sí bastante curiosa, desde que leí el nombre de Hamsun en un libro de Bukowski hasta que me topé con Hambre en aquella librería. Dudo que los fríos e-books puedan llegar a dar esta clase de satisfacciones. Pero es mejor no adelantar nada. El tiempo dirá.
Fue uno de esos días que no te lo esperas. Yo volvía a casa una media tarde sin nada planeado, y me choqué casi con mi padre, que tenía un vale de regalo por valor de no sé cuantos euros para una librería de segunda mano a menos de un kilómetro de donde vivimos. Estaba claro que no me iba a ir de esa incursión de vacío. Entre las montañas de libros apilados, mal apilados y dispuestos en estanterías de manera caótica en un espacio diminuto, podías encontrar desde misales del año la pera, biografías de los personajes más peregrinos, libros de teología inescrutables, noveluchas rosas, o manuales y libros de autoayuda con nombres tan normales como “Teoría y práctica de la reencarnación” (os juro por lo que más queráis que existe, me quedé estupefacto contemplando aquella portada), hasta clásicos y libros estupendos en mil y una formas y formatos diferentes. Odín bendito, lo que es capaz de vender la gente. En uno de mis tientos, agarré el lomo de un libro pequeño, encuadernado en tapas duras y con visos de antigüedad. Y al abrirlo pensando que podía tratarse de un misal más, descubrí no sólo que se trataba de una primera edición del año 1942, sino que además no era un misal, sino Hambre.
Sobra decir que quedó adjudicado y que me lo llevé a casa como quien va a la cueva de Alí Babá y se lleva el tesoro. Aquí las pruebas del delito:
La lectura de esta pieza llevó no menos satisfacciones. Es un libro estupendo. Un clásico con justicia, si bien Hamsun, al igual que Bukowski en su época, fue un maldito. Algunos errores en su vida, como haber sido un colaboracionista en la Segunda Guerra Mundial, y sus extravagantes manías y delirios, le llevaron a él y a sus seres queridos a encontronazos entre ellos e incluso con la justicia. Pero eso no quitó para que escribiera cosas como esta.
En Hambre, el protagonista vaga por toda Cristianía en pos de un poco de dinero con el que aliviar el brutal hambre que se va cerniendo página a página sobre él, sin que muchas veces pudiera hacer nada, llegando a pasar hasta una semana en completo ayuno y al borde de la inanición, en mitad de delirios causados por el hambre y de terribles dolores y calambres. ¡Madre mía! ¡Si llega a comerse las astillas de madera que encuentra por el suelo!
Pero mejor sería que no contase mucho más y os dejase el resto a vosotros. De verdad que merece la pena redescubrir a Hamsun.
Y dejo una última reflexión, esta vez sobre los libros digitales, los célebres “e-books”. Por lo que a mí respecta, todavía no merecen la pena. Llegarán a merecerla, tal vez en un futuro. Cinco o diez años tal vez, cuando una de esas cosas no valga 400 eurazos. Hasta entonces el papel seguirá siendo el rey. Pero hay una cosa en la que el e-book siempre estará en desventaja con el libro en formato papel, y es la energía. Un e-book es un aparato electrónico. Necesita una batería o una fuente de alimentación similar sin la cual no puede funcionar. Un libro siempre está disponible, sin necesidad de enchufes ni corrientes.
Y otra cosa. El proceso mediante el cual descubrí este libro, por ejemplo, constituye toda una experiencia en sí bastante curiosa, desde que leí el nombre de Hamsun en un libro de Bukowski hasta que me topé con Hambre en aquella librería. Dudo que los fríos e-books puedan llegar a dar esta clase de satisfacciones. Pero es mejor no adelantar nada. El tiempo dirá.
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