Hoy toca que os hable un poco de mi relación con este tipo tan especial de luz. Desde niño siempre me ha fascinado la astronomía. Mientras los demás crios hacían colección de tazos, yo coleccionaba tazos y los fascículos de la enciclopedia de la astronomía y el espacio. Era un niño raro en ese sentido, no puedo negarlo. Me quedaba durante horas mirando los vídeos de aquella colección extasiado, maravillado con la belleza del infinito y sus misterios. No obstante, mis posibilidades de realizar mis aspiraciones astronómicas siempre estuvieron muy limitadas. Mis salidas al campo de noche no fueron una tónica general en mi infancia, y el hecho de que a partir de sexto de primaria las matemáticas y yo nos divoriciáramos para siempre y sin aparente posibilidad de solución, hizo que tuviera que desistir de mi plan inicial de hacer astronomía en un futuro que, por aquel entonces, me parecía tan lejano como la galaxia de Andrómeda.
Conservo en mi memoria cada una de las noches que pasé al raso, ya fuera en campamentos o eventos similares, y la luz de las estrellas sigue en mi retina y en mi alma, y seguirá allí hasta el día en que me convierta en polvo.
Es por eso que me ha sorprendido y agradado a partes iguales enterarme de la existencia de la “Declaración sobre la defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas”.

Esta declaración parte, al parecer, de una iniciativa de la Unesco para frenar la contaminación lumínica de las urbes por la noche. Sucede que la observación del cielo siempre ha sido una parte importantísima de nuestra cultura. La astronomía fue una de las más importantes y una de las primeras ciencias que emergieron en nuestra cultura y, hasta la invención del telescopio en el renacimiento, su estudio estuvo ligado en exclusiva a la observación a ojo de las estrellas y demás cuerpos celestes que brillaban en la oscuridad de las noches de aquellos tiempos.
Llegó la revolución industrial y la era de los inventos, y las calles del mundo se llenaron de luz artificial para que no tropezásemos en la oscuridad a las tantas de la madrugada haciendo vete a saber qué. Y el precio que tuvimos que pagar fue perder la maravillosa luz de las estrellas y toda la cultura y conocimientos asociados a ella. Ahora ya quedan pocos lugares desde los que se pueda contemplar en condiciones un buen cielo estrellado. Es por esa razón por la que yo también me adhiero a la defensa de esta luz. Por eso y porque, al margen de lo que suponga, el manifiesto en sí me parece de lo más poético que he visto en mucho tiempo. Y me tiene fascinado.
A algunos esto les puede parecer una tontería, y lo entiendo, pero no lo comparto. Para mi esto es una señal más de que estamos más transtornados de lo que cabría esperar.
Guardad la luz de las estrellas en vuestra retina y en vuestra alma. No dejéis que el neón os ciegue.

Conservo en mi memoria cada una de las noches que pasé al raso, ya fuera en campamentos o eventos similares, y la luz de las estrellas sigue en mi retina y en mi alma, y seguirá allí hasta el día en que me convierta en polvo.
Es por eso que me ha sorprendido y agradado a partes iguales enterarme de la existencia de la “Declaración sobre la defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas”.

Esta declaración parte, al parecer, de una iniciativa de la Unesco para frenar la contaminación lumínica de las urbes por la noche. Sucede que la observación del cielo siempre ha sido una parte importantísima de nuestra cultura. La astronomía fue una de las más importantes y una de las primeras ciencias que emergieron en nuestra cultura y, hasta la invención del telescopio en el renacimiento, su estudio estuvo ligado en exclusiva a la observación a ojo de las estrellas y demás cuerpos celestes que brillaban en la oscuridad de las noches de aquellos tiempos.
Llegó la revolución industrial y la era de los inventos, y las calles del mundo se llenaron de luz artificial para que no tropezásemos en la oscuridad a las tantas de la madrugada haciendo vete a saber qué. Y el precio que tuvimos que pagar fue perder la maravillosa luz de las estrellas y toda la cultura y conocimientos asociados a ella. Ahora ya quedan pocos lugares desde los que se pueda contemplar en condiciones un buen cielo estrellado. Es por esa razón por la que yo también me adhiero a la defensa de esta luz. Por eso y porque, al margen de lo que suponga, el manifiesto en sí me parece de lo más poético que he visto en mucho tiempo. Y me tiene fascinado.
A algunos esto les puede parecer una tontería, y lo entiendo, pero no lo comparto. Para mi esto es una señal más de que estamos más transtornados de lo que cabría esperar.
Guardad la luz de las estrellas en vuestra retina y en vuestra alma. No dejéis que el neón os ciegue.



5 mensajes llegados:
A mí me encanta contemplar las estrellas y tengo la suerte de vivir en un lugar donde se ven en todo su esplendor. Esa luz también está grabada en mi retina para siempre ;)
Muuuuuacks!
Buenos días, Erebus:
También a mí me encantaría saber de astronomía. Me quedo embobada mirando los buenos libros, pero nunca paso de las nociones preliminares de las primeras páginas, y de embobarme con las fotografías y la enormidad de las cifras.
Aún hay lugares en los que se puede ver bien el cielo en una noche estrellada. Es como si se resistieran a hacerse invisibles, y a pesar de todos nuestros destrozos, quisieran mostrarnos su belleza.
Saludos. Gelu
P.D.:Hace unos días, dedicaban una entrada en el blog de Adu, a la pintura de Van Gogh, Noche estrellada. Lo acompañaban con la canción que le inspiró a Don Mclean. Se puede encontrar en Youtube.
al final, ni las estrellas vemos.
Que interesante ! me encantó gracias
Bueno, contesto antes de poner la siguiente entrada.
Lara: La suerte que tienes... ojala algun dia yo tambien pueda verlas todas las noches...
Gelu: Yo llegué a pasar a la práctica, no sé porque no lo puse en la entrada (cabecita mia despistada), pero durante todo un verano estuve trabajando con un planetario portatil. ¡Me pagaron por enseñar astronomía! Fue una experiencia fantástica y un "primer trabajo" que da envidia.
Pedro: Ni las estrellas de noche, ni la realidad de día.
Verónica: Gracias a ti. Me pasaré por tu blog.
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